Déjate de mamadas y ejecuta.

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          Siendo brutalmente francos, a nadie le gusta la talacha dura, o al menos a muy pocas personas, especialmente los emprendedores. Abundan los visionarios, los de las ideas, los de los contactos, los buenos para vender, los buenos para pichar y presentar, pero: ¿quién hace que esas ideas se transformen en realidad? ¿quién es el miembro del equipo que se queda hasta la madrugada sacando los pendientes, los bomberazos, subiendo y bajando la cortina, arrastrando lápiz hasta que cuadre la cuenta, lidiando con el personal, con proveedores, clientes y hasta la señora del aseo?; a esas personas que se avientan el tiro, a esos que les toca levantar y cerrar la cortina, mi más profundo reconocimiento, sin ellos las empresas simplemente no existirían., a ellos les dedico este blog a los famosos, escasos y no reconocidos ejecutores.

¿Porque hay tan pocos ejecutores y porque hay tantos directores? ¿Qué hace que la gente le saque la vuelta al trabajo puro y duro, sacrificado?, tan importante para que las cosas sucedan. Obvio es que el trabajo arduo no es para todos y para todas, se necesita carácter, disciplina y orden, atributos que en estas fechas están escasos sin duda, especialmente entre los emprendedores millenials.

Mi teoría sobre la escasez de ejecutores es que no tuvieron la oportunidad o de plano no recuerdan ver a sus padres talachando a la vieja usanza, ese ejemplo es sumamente importante para perderle miedo al jale, a la ejecución, a la operación. Al menos, ese fue mi caso. Verán, tuve la fortuna de ver a mi Papá operar en sus últimas etapas como empresario. tal como lo hizo por décadas sin bajar nunca la guardia, al menos no hasta tener armado un buen equipo de personas bastante competentes en las que encontró un apoyo y una palanca para que su empresa creciera sin él o inclusive a pesar de él. Creo que su mejor acierto fue encontrar a las personas adecuadas para el momento y responsabilidad adecuada. Razonando esta teoría me nace la sensación de que algo sucede en nuestro cerebro cuando vemos en carne propia a la persona que quieres y admiras hacer algo con dedicación y pasión, es como una trasferencia de voluntad y empuje hacia alguna actividad específica que genera valor, puede ser el trabajo, el deporte, el arte o un pasatiempo; pareciera como si se generaran mapas mentales en el cerebro al estar viendo y escuchando a esa persona especial haciendo bien lo que tanto le gusta. Claro que hay excepciones a esta teoría, muchas veces desarrollamos una aversión a actividades o gustos de nuestros padres que simplemente no compartimos, pero lo interesante es que son en la mayoría de las veces cosas que efectivamente vale la pena no replicar, al menos porque es cierto, los tiempos cambian y lo que antes era bien visto, actualmente ya no lo es.

Pero volviendo a nuestro héroe el ejecutor, vale la pena hincarle el diente hasta el hueso y al menos valorar la necesidad de reconocer al hacedor en cualquier organización; pero más allá del reconocimiento, me ametrallan estas preguntas:

 ¿Cómo podemos fabricar más y mejores hacedores y regular la producción de “visionarios”?

¿Por qué las universidades fabrican tanto “visionario”?

¿Por qué siempre se tiene que amolar ¿? alguien para que las cosas sucedan?

¿Por qué siempre se necesita un Godínez de poca aspiración personal que haga el trabajo sucio para los jefes puedan ir a jugar golf?

Mi apedreable opinión camina hacia la idea de que el hacedor entiende que la talacha es la mejor escuela que existe en la vida. No hay mejor maestro, libro o curso que hacer por uno mismo las cosas….cualquier cosa, desde sacar una fotocopia de la IFE del socio, destapar el humillado y chamagozo retrete, hacer recargas en el Oxxo. Porque La cantidad de conocimientos, aptitudes y herramientas que adquieres al estar en la primera línea de combate es sensacional. Te haces de sendas cicatrices de guerra que además de mandar un franco mensaje de experiencia generando respeto y admiración, es que esas cicatrices son sexis, se ven bien, el cuero curtido es más suave que el cuero crudo. Otro beneficio es que te vuelves CASI imprescindible. Es decir, no hay mayor temor para los patrones que quedarse sin el socio que se fleta las golpizas, que sabe la contraseña de todas las cuentas y como hacer buen café en la mañana. Para ir más lejos, te da lo que llaman los aturdidos porterianos *poder de negociación y de decisión, ¿no es la mano que mece la cuna la que domina el mundo? Esa es la gran ventaja de saber hacer las cosas y hacerlas bien. Ya solamente falta que te guste o que te nazca naturalmente hacerlas.

Y por último, lo mágico de ser el hacedor, es que lejos de que ese cocimiento adquirido a base de puntapiés, es que ¡es rentable! ¡Si te pagan por él! ¿Se puede algo mejor en la vida? No creo.

Así las cosas, para las personas que se animan a convertirse en motor en vez de bocina, en la mayoría de las veces se transforman en grandes directores y excelentes patrones y maestros porque saben el oficio y también valoran la importancia de enseñar a los que vienen lo que a ellos alguna vez les fue enseñado. por esta y más razones los hacedores heredarán la tierra y eventualmente dejarán de preocuparse por mandar a sus hijos a las universidades y decidirán mejor, enseñarle a hacer.

Hay que chingarle antes que se lo chinguen a usted.

*Dícese y sépase de los que tienen al estratega de negocios Michael E. Porter como faro de sabiduría incuestionable y recitan a la perfección como si fueran mantras.

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